Haciendo Nido

Hace ya semanas, cuando por fin el otoño decidió manifestarse, mis ansias vivas de poner ramitas a mi nido, que hasta entonces habían estado bajo control, resurgieron con inusitada fuerza una mañana, y al parecer las de Mr. Mi Chico también.

Como vivimos en Invernalia, y conocemos lo que llega cada año antes o después y de manera inevitable, de mayo a octubre nos dedicamos a contrarreloj, a disfrutar de todas las cosas que se nos ofrecen bajo cielo, paramos bajo techo lo justo para dormir, comer y asearnos. Siempre encontramos fuera algo más interesante que hacer.

Pero claro, fue llegar los vientos y las lluvias, y empezar a refrescar mañanas y noches, y decidimos mirar a nuestro alrededor, buscando la manera de hacer más confortable el nido que llamamos casa, para pasar los fríos de la mejor manera posible.

Rápidamente surgió la idea de invertir nuestro sábado siguiente en ir a buscar ramitas a ese bosque para nidos humanos que todos conocemos… IKEA. Pasamos la semana decidiendo cuales eran nuestras “necesidades”, o creándolas si no existían… ¡¡¡Y PASÓ!!! Os cuento:

Lleva meses rondando en mi cabeza una idea que sé que no necesito pero me apetece un montón, y que esperaba el momento justo para plantear a Mr. Mi Chico. Ya sabéis, esas cosas que tiene la convivencia, que te obliga a consensuar con quien compartes espacio lo que es o no pertinente.

El caso es que a Mr. Mi Chico, aunque le cuesta reconocerlo, también le pasa eso de tener algún pájaro en la cabeza y caprichos que intenta disfrazar de necesidades para convencerme, y decidió que no podíamos seguir viviendo sin una especie de cine en casa, con su proyector, pantalla retráctil, reproductor, torres de sonido y toda la parafernalia.

(Lo que rondaba en su cabeza…)

Personalmente… ni fú ni fá, pero supe que era EL MOMENTO.

Resumiendo, consensuamos un cine en casa que montaremos en el salón y UN TOCADOR para mí en el hueco que queda en el dormitorio. BIEEEEEENNNNNNNNNN.

Lo que obsesionaba la mía…

Partimos de Invernalia a la intempestiva hora (para un sábado) de las nueve de la mañana, porque el bosque más cercano está a ciento y pico kilómetros… Es lo que tienen los sitios pequeños como nuestra aldea.

La maratón (no encuentro una palabra más adecuada para describirlo) resultó agotadora y para muestra y como prueba….

(Lo que sufrieron nuestros pobres pies…)

Menos mal que esa mañana, en un ataque de lucidez poco frecuente en mí a esas horas de la mañana, opté por mis deportivas, poco glamurosas pero muy prácticas para este tipo de cosas… Aún así, al llegar a casa me dolía todo menos… menos nada. TODO.

Pero ¡mereció la pena chicas!

Después de una exploración a fondo por los paraísos de Ikea, Leroy Merlin y varias tiendas de decoración que fuimos encontrando por el camino, conseguimos todo lo que habíamos ido a buscar, y además surgieron nuevas ideas para hacer confortable nuestro inver-nido, que nos anotamos con ansia para la siguiente exploración (Mr. Chico no es tan impulsivo como yo, y necesita meditar, medir mil veces, consultar internet para comparar, volver a medir, seguir meditando… y finalmente comprar).

No sé qué tienen estos suecos que consiguen que ansíes colocar ramitas incluso en los lugares ya abarrotados de tu nido. Menos mal que Mr. Mi Chico (al César lo que es del César), pone un poco de cordura en mí de vez en cuando, y conseguimos en estos casos no comprar un segundo pelador de patatas, las enésimas copas de la casa o un cuadro que no tenemos dónde poner… ¡Una pena! ¡Mis cachivaches siempre me parecen perfectos hasta que veo los nuevos!

Pero después de todo, conseguimos salir de allí con lo que habíamos ido a comprar, y algunas cosas que nos encontramos por el camino, (que Mr. Mi Chico tampoco es de piedra).

No faltaron un par de dramas, para cualquier día de compras agotador que se precie: Mi ataque de nervios cuando recordé, casi llegando a la caja, que habíamos olvidado el perchero para la entrada. Y la búsqueda de una baldosa floja bajo la que esconderse para huir de la vergüenza de Mr. Mi Chico, mientras yo me lo pasaba pipa cogiendo carrerilla y subiéndome encima del carro hasta que paraba sólo en la zona de almacenaje…

Por lo demás, no hubo heridos ni grandes daños.

El domingo lo pasamos entre balletas y fregonas, adecentando el nido en honor a las nuevas adquisiciones.

Como veis, ¡un fin de semana lleno de glamour!

Vale, eso no… pero la ilu que nos hacen estas pequeñas cosas a los simples mortales tampoco están mal ¿verdad?

Hoy es un lunes bastante dulce (todo lo dulce que puede ser este día horrendo de principio de semana), porque espero llegar a casa después del trabajo y encontrar a mi hombre rematando la faena de montaje post-ikea que todos conocemos (Por una vez no le envidio las vacaciones que ha podido cogerse y yo no).

Espero poder enseñaros el resultado pronto, siempre contando con que mis adquisiciones serán las últimas en ver la luz dentro de nuestro nido.

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