Cuidarse sin fliparse

Desde SIEMPRE, y cuando digo siempre, por supuesto, exagero, he sido una auténtica friki de los cuidados naturales, herbolarios, productos de parafarmacia y todo tipo de potingues, para tomar o echarse por encima.

 

La publicidad y las marcas han campado libremente en mi cabecita, y han resentido mi cartera en innumerables ocasiones, la mayoría de las veces para nada.

Asique, después de muchas idas y venidas (de la tienda a casa y de casa a la tienda), muchas épocas hipersanas y muchas otras totalmente insalubres, muchos productos probados y muchos otros olvidados en un cajón, he aprendido varias cosas:

  1. No soy una modelo de portada ni quiero serlo: Porque, aunque siendo sinceras, a todas nos gustaría parecernos a ellas, nadie crece veinte centímetros, rejuvenece veinte años, sus ojos cambian a azul aguamarina o sus pómulos crecen para darle aspecto de bailarina, por muchos potingues que te eches o te tomes. Mejor buscar una versión de nosotras mismas con la que estemos a gusto.
  2. No te creas todo lo que prometen: Porque sí Chicas, los señores dueños de esas fábricas de productos milagrosos, a veces exageran, o hasta inventan, para que piquemos.
  3. No pierdas de vista ser feliz: Porque de qué sirve estar estupenda y muerta de asco sin poder tomarte una cañita con amigos, atiborrarte a palomitas delante de una peli, trasnochar porque te apetece, quedarte tirada en el sofá en lugar de ir al gimnasio… No olvides los pequeños placeres de la vida, no merecerá la pena.
  4. Y por último, y seguramente lo más importante: NO SEAS TAN ESTRICTA: De nada sirven esos bandazos pendulares de hoy me cuido hasta el extremo y mañana paso de todo hasta el extremo. Un día por cualquier razón, decidimos dar ¡EL CAMBIO!: Nos empeñamos en matarnos de hambre, nos apuntamos al gimnasio todos los meses de enero y septiembre dispuestas a (esta vez sí) ir todos los días, y nos gastamos un dineral en el tratamiento más tedioso que existe en el mercado para combatir esas arrugas (aunque de paso nos vaya la cartera en ello). Aguantamos cuanto podemos, pero al final lo dejamos, para ir justo al extremo contrario: Ya de perdidas… Y es que, cuidarse no consiste en eso. Sabemos la teoría, pero no solemos ponerla en práctica.

Para más señas:

Reivindico mi derecho a zamparme una tableta de chocolate el día que me viene la regla, sin sentir unos remordimientos que me hagan sentirme fracasada.

Reivindico mi derecho a cuidarme lo que quiera, cuando y como quiera, sin que nadie se tome la libertad de opinar.

Reivindico mi derecho a no hacer deporte hoy (y mañana, y cuando sea) porque hace frío, porque me duele el dedo gordo del pie, o sencillamente porque no me apetece.

Reivindico mi derecho a SER YO MISMA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *