Feliz Día de la Mujer… ¡Con dos tacones!

No, ni me he retrasado en la felicitación ni el post ha salido tarde.

Es que este también es nuestro día. Y mañana, y pasado …

Me he dado cuenta, sin poder evitarlo (la avalancha de felicitaciones no permiten obviar algo así), en que parece que el 8 de Marzo es el único día que las mujeres ondeamos banderas al viento en pos de la solidaridad entre nosotras.

Pero el resto del año… tendemos a putearnos bastante unas a las otras. Y es que… ¡a veces tenemos los tacones más que cuadrados!

¿Se puede saber qué nos pasa? ¿Somos idiotas?

Estoy harta de mujeres que me miran mal cuando cometo un pequeño fallo (como el otro día la enfermera de mi ginecólogo porque se me olvidó el papel de la cita que me habían enviado). ¿Es que a ellas les da la vida? ¿Es que nunca se les ha pasado algo por alto en las miles de cosas de las que estar pendiente?

Se nos llena la boca en días como ayer de lo maravillosas que somos, la de cosas que hacemos por todos los que nos rodean, lo luchadoras que hemos sido, somos y seremos, lo polivalentes, lo intuitivas, lo cariñosas, lo inteligentes… ¿Dónde se queda todo eso cuando tenemos frente a nosotras a una igual? ¿Por qué se nos olvida? ¿Por qué no nos ponemos en su lugar, nosotras que somos quien más fácil lo tenemos?

Reivindicamos ponernos guapas para nosotras, porque sí, porque nos apetece y ya está. Pero luego nos cruzamos con una tipa que tiene los ovarios de ir como un pincel a las ocho de la mañana, y la miramos con censura. ¿Qué sabemos de ella y de su vida? ¿Qué sabemos si hoy se sentía como una mierda y decidió ponerse guapa para compensar? ¿O simplemente se levantó con ganas de pintarse el ojo un poco más porque vió el sol por la ventana? ¿O le gusta ir así y ejerce su legítimo derecho de hacer lo que le venga en gana con su cuerpo? ¿No es eso precisamente de lo que se nos llenan la boca y el whats app días como ayer?

Han luchado y, se supone, seguimos luchando, por hacer la vida a nuestra manera, sin que nadie tenga que decirnos cómo debemos vivirla, pero somos las primeras en criticar las decisiones, vitales o triviales, de otras mujeres en cuanto tenemos oportunidad. ¿Es necesario ser tan putas?

Y por no hablar de que nos cuesta horrores reconocer los méritos de otra mujer (si no es una de las que queremos). ¿Cómo pretendemos que nos reconozcan nada si ni siquiera nosotras somos capaces de hacerlo?

Todas sabemos lo difícil que es ser mujer, aunque hoy en día y en nuestra sociedad, para qué engañarnos, es un camino de rosas comparado con otras épocas y lugares. Pero si a alguien hay que demonizar en una situación concreta, indudablemente elegimos a la mujer. ¿Y luego nos extrañamos si nos devuelven la misma moneda?

Ya conocemos lo que las mujeres que nos precedieron, con su fuerza y valentía hicieron por todas nosotras. Sabemos lo maravillosas que fueron y lo maravillosas que son nuestras abuelas, madres, hermanas y amigas. Somos más que solidarias con mujeres que pasan por malos momentos (la violencia de género es un ejemplo) y enfermedades (como el cáncer de mama, y muchas más). Ese camino ya lo hemos andado y conquistado.

Tal vez sea el momento de empezar a cambiar el chip en el día a día, y empezar a acordarnos un poco más de que, las que tenemos al lado, o con las que simplemente nos cruzamos, son mujeres como nosotras, con sus días buenos y sus días malos, con sus logros y sus fallos, sus defectos y virtudes. Con sus sentimientos y necesidad de comprensión. Se nos llena la boca pidiendo respeto, y muchas veces somos nosotras las que no nos respetamos.

Lo que de verdad necesitamos son menos mensajes rimbombantes y más solidaridad entre nosotras, los 364 días restantes.

 

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