HAMOR DE LOLA

HAMOR DE LOLA

He tenido que ponerlo con H.

Después de ampliar la letra, ponerlo en negrita y subrayarlo, todavía se me quedan cortas las cuatro (y ahora cinco) letras para definir el sentimiento que hay entre mi perrita y yo.

Yo creo que ahí nuestro idioma, con todo lo rico que sabemos que es, se nos ha quedado corto con esto de la palabra AMOR.

No entiendo muy bien cómo es que hay un montón de palabras que sirven para definir cosas mucho más triviales (y como muestra: Silla: sillón, asiento, butaca, poltrona, confidente, reclinatorio, cadera, sitial, trono, sede, angarillas, sillín, escaño, taburete, escabel, banqueta) y solo una (y además cortita), para referirnos a un abanico inmenso de sentimientos diferentes.

En esto del amar y del querer hay un cacao importante, que a mi parecer habría que solucionar.

Porque… no me diréis que tiene algo que ver el amor a una madre, con el amor a una pareja, el amor a tus hijos, el amor a tu mascota o el amor al nuevo modelo de Manolo Blahnik.

Lo siento señores de la RAE, pero aquí me han fallado. Van a tener que poner sus privilegiadas mentes a funcionar, y meternos aunque sea a calzador nuevas palabras para todo esto, porque luego vienen los malentendidos y los problemas…

Que si te quiero, pero solo como a un amig@.

Que si el amor de madre no es como ninguno y a ti te encontré en la calle.

Que si quieres más a Lola que a mí. Que no cariño, que son amores diferentes….

En definitiva, que si son cosas diferentes, mejor ponerles nombres diferentes, ¿no?

Y soy consciente que lo que pasa muchas veces es que utilizamos esa palabra para definir cosas que en realidad no lo son, y que a veces abusamos tanto de ella que cuando llega de verdad se nos queda corta para expresar lo que sentimos. Pero a lo que me refiero es que existen demasiadas clases diferentes de amor para definirlos todos con una sola palabra.

He de confesar, llegados a este punto, que yo siempre había pensado ser de perros grandes. Sus predecesores lo eran, y nunca se me había pasado por la cabeza tener o querer a un perro pequeño.

Para mí, todo perro de menos de 10 kg. era una especie de muestra gratuita, de esas que te dan a probar por si te animas a probar con uno de verdad.

Lola llegó a mi vida más o menos de casualidad, y aprendí que, al menos en cuestión de perros, el tamaño no importa.

Porque aún y con todos los matices que se le pueden dar a este sentimiento que llamamos (a falta de algo que lo defina mejor) amor, una cosa tengo clara: Lola es el ser vivo sobre la Tierra que más me quiere. ¿Cómo no voy a HAMARLA?

4 opiniones en “HAMOR DE LOLA”

  1. Ya tardaba Lola en aparecer por aqui…je, je, je…
    Con lo cielo que es, no me extraña que la HAMES…
    Señores de la RAE a trabajar se ha dicho!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *