Indiba: Un mimo para la piel. Un placer para los sentidos

Si es que… ¡Siempre me pasa lo mismo!

Descubro algo que me gusta, que me gusta mucho. Que me emociona hasta el punto de querer compartirlo con vosotras, no vaya a ser que (por una vez), no sea la última de unirme a la fiesta… y a la hora de ponerme a escribir… no acabo de sentirme cómoda con esto de creerme en el derecho de aconsejaros algo…

Y es que, eso de despotricar sobre lo humano y lo divino es más mi estilo, como ya sabéis las que me leéis desde hace un tiempo… Me sale como más fluido.

(Y sí, tenéis razón, a veces sin pasar por ningún filtro antes de llegar a la tecla, para qué engañarme…).

Pero es que también hay un montón de cosas que me gustan en esta vida…  Lo que pasa es que normalmente me limito a disfrutarlas al máximo, sin pararme a definirlas para otros.

Asique como me caéis muy bien, y aunque me cueste un poco más explicarme (con lo fácil que es quejarse), voy a intentarlo.

Lo que voy a hacer es simplemente contaros mi experiencia, y luego ya si eso, pues investigáis, me preguntáis lo que queráis, o hacéis lo que os venga en gana, que estáis en vuestro completo derecho… ¿qué os parece?

¡Vale! Pues vamos allá…

Una de las cosas que me gustan, por empezar por algún sitio, es María.

María es la dueña de un Centro de Estética con Parafarmacia llamado Contemporánea que hay en Invernalia, y que si vivís a menos de 200 Kilómetros a la redonda tenéis que venir a conocer. (Por cierto, a Invernalia se la conoce en los mapas y en Vía Michelín como León).

María es agradable, profesional, simpática, dulce, entrañable, auténtica… en resumen, un amor.

De esas personas que me gustaría poder reducir a tamaño llavero para poder metérmela en el bolsillo y llevarla conmigo a todas partes… No sé si me explico.

Con ella trabajan Graciela (que con su dulzura consigue hacerte sentir mimada y cómoda absolutamente siempre, trabajando con una profesionalidad indiscutible), Cristina (que con su frescura y buen humor siempre consigue que el buen rollo te invada, por muy plof que llegues a sus manos, y que da unos masajes… indescriptibles) y Aída (con la que he coincidido menos, pero con una simple mirada consigue transmitir toda su simpatía). Sé que Raquel también forma parte del equipo, pero trabaja por las mañanas, y nuestros horarios no nos han permitido conocernos todavía.

María y su equipo tienen el increíble Don de conseguir algo muy difícil, y que no se encuentra todo lo a menudo que nos gustaría, y es el Don de hacer que te sientas como en casa, desde la primera vez que tus pies traspasan el umbral de su centro.

Asique de verdad, si tenéis la oportunidad, pasad a conocerlas (ya sea para este u otro tratamiento de los muchos que ofrecen, para pedirles consejo sobre belleza, o para vuestras compras de cosmética y parafarmacia), seguro que salís más que contentas de allí.

La cuestión es (que me estoy enrollando, y habíamos venido a hablar del Indiba) que llevo ya… creo que son siete sesiones de Indiba, y me encanta, me encanta, me encanta, me encanta…

(A ver si me explico un poco mejor, porque si no, poca información vais a sacar de aquí).

Por si alguien todavía no conoce el Indiba, se trata de un aparatito tal que así:

Con el que te aplican un tratamiento regenerativo,  totalmente indoloro que ayuda a revitalizar la piel.

Se trata de un tipo de radiofrecuencia, aplicada con electrodos y un gel conductor sobre nuestra piel, que consiguen un aumento de la temperatura local en los tejidos a través de una corriente de energía electromagnética de frecuencia precisa, controlada y lo suficientemente capaz de generar una respuesta a nivel celular (vale, sí, esto lo he copiado más o menos del folleto).

En mi caso, las sesiones que me he dado son faciales, aunque tiene muchas más aplicaciones, como la celulitis, el tratamiento de pequeñas cicatrices, etc.

A grosso modo, las sesiones, de unos 20 a 30 minutos (otra ventaja, no lleva demasiado tiempo), consisten en: Tú llegas, te descubres (como dice mi ginecólogo) de cintura para arriba (mi ginecólogo dice para abajo, claro),te tumbas en una camilla, te colocan una plaquita debajo de la espalda, te tapan  con una mantita para que no pases frío, apagan casi todas las luces y ponen música relajante…

Y entonces empieza lo realmente bueno: Limpieza de cutis, aplicación de gel y electrodo calentito sobre tu cara, que van moviendo de un lado a otro muy despacio, llegando a todos los puntos de tu cara, cuello y escote, e insistiendo un poco más en las zonas problemáticas (ya sabéis, zonas donde la risa y los mosqueos han dejado su huella en forma de pequeñas líneas).

Después de un rato, a mitad de la sesión aproximadamente (y de lo que sólo podrás disfrutar si a estas alturas has conseguido no dormirte y roncar como un rinoceronte con catarro, de lo relajada que te estás quedando), cambian el electrodo por sus manos (con otro más pequeño que colocan entre sus dedos), y te masajean cara, cuello y escote…

Y es en ese momento cuando tu mente comienza a vagar libre, y te asaltan ideas como levantarte de un salto, atar de pies y manos a Cris o a Graciela (la dueña de las manos ese día), coger el cacharro ese y empujarla hacia tu coche para llevártela a casa para siempre, cacharro incluido… (Ya luego, en momentos de más lucidez decides que lo lógico es volver otro día, y repetir).

Vamos, que el placer para los sentidos lo tienes más que asegurado. Pero es que además, el tratamiento es un auténtico mimo para tu piel.

Recomiendan, al principio, darse unas 4 a 6 sesiones en intervalos de una semana, y a partir de ahí, con una cada 15 días es suficiente.

Yo lo he hecho así y mi piel ha mejorado una barbaridad. La noto mucho más hidratada y luminosa, noto los poros más cerrados en mis zonas conflictivas (nariz y laterales, donde más se me suelen notar), y serán imaginaciones mías o no, pero las líneas de expresión se me han atenuado. Y como plus en mi caso, no he vuelto a tener ningún brote de dermatitis, que sufro de manera recurrente desde hace un montón de años (si sufrís ese problema, no lo penséis más y probad).

El precio por sesión en Contemporánea son 16 euros (no puedo deciros los precios en otros lugares, porque no lo sé). La cuestión es que me parece un precio muy razonable para un tratamiento de este tipo, con los beneficios que yo he notado. Y pienso seguir con ello por el momento, aunque lo alterne con alguna temporada de descanso.

Sé que si no vivís en Invernalia, la pena es que os perderéis a María y su equipo, pero seguro que en vuestra ciudad encontráis algún centro de estética donde tengan este tipo de tratamiento… a lo mejor tenéis mucha suerte, y encontráis también a vuestra María (aunque el listón está muyyyyy alto)…

¡Madre mía! ¡Y eso que al principio me parecía que no iba a saber cómo contaros todo esto! 

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