Me presento

Dejaré mi lado soñador a un lado (de momento), y supondré que has llegado hasta aquí por la casualidad unida a los azares de la navegación en internet.

Como a estas alturas ya has echado el primer vistazo a mi blog, seguramente te estés planteando si te apetece indagar un poquito más, o darle al aspita de la esquina derecha y pasar a otra cosa, tal vez más interesante o divertida.

Pero la cuestión es que sigues leyendo, lo que rebaja enormemente la presión que siento ante mi primera publicación… ¡Gracias!

Creo que comenzaré por intentar explicarte cómo llegué hasta aquí, y qué pretendo metiéndome en este enorme lío a estas alturas de mi vida.

Soy una mujer que aún se siente chica a punto de cambiar de prefijo a los adorables 40. Y no es que me queje o aburra o agobie o lo que sea esta situación, lo que pasa es que me siento extraña.

Parece que no encajo en la imagen social de una mujer de mi edad, y sinceramente, me resisto a entrar en esos márgenes que me horrorizan.

A dos meses de los cuarenta, sigo soñando con hacer cosas nuevas todos los días, quiero aprender un montón de cosas que todavía no me ha dado tiempo a aprender, me ilusiono con tonterías que la gente cree propias de una quinceañera, y me planteo un millar de cosas que una mujer adulta ya debería saber, o en el peor de los casos ya habría dejado de plantearse.

Y no si es intuición, irrefrenable deseo o simple locura, pero creo que hay mucha gente tan felizmente perdida como yo, que se resiste a que cumplir años sea el triste equivalente a dejar de disfrutar de las grandes, pequeñas y ridículamente insignificantes a simple vista, cosas de la vida.

Por eso, si eres una de esas personas, te invito a encontrarnos por aquí de vez en cuando, por diversión, curiosidad…

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