Me cago en San Valentín

Nunca he sido partidaria de todas esas absurdas celebraciones yankis, que nos ha dado por importar en el tonto intento de parecer más modernos, y que nos llevan a hacer las mismas absurdas gilipolleces que los habitantes del ombligo del mundo.

Paso de Halloweens con sus calabazas y horribles disfraces, Easters y sus huevos de pascua de colores, y del puto Papá Noel que se atreve a intentar destronar (y lo está consiguiendo) a nuestros molones Reyes Magos.

A este paso, acabaremos hasta celebrando el Independence Day, con fuegos artificiales, barbacoas en los parques, banderas con estrellitas, y toda la parafernalia… y si no, al tiempo.

Confieso que me mola lo del Black Friday… todo lo que sean rebajas son bien recibidas, cualquiera que sea la excusa.

Pero es que… lo de Cupido, no tiene nombre.

Las tiendas, y como consecuencia nuestras casas, se llenan de corazoncitos rojos en todas sus versiones (peluche, papel, purpurina o lo que sea) a cada cual más hortera e insufrible, y las redes sociales de mensajitos de amor hipócritas a más no poder.

A mí eso del amor el día que toca, me repatea bastante la verdad.

Soy más de todos los días. De detalles en forma de mensajes escritos con el dedo sobre el espejo empañado del baño, que me escribe Mr. Mi Chico desde hace casi cinco años, y que estoy deseando salir de la ducha para descubrir cada mañana.

Dentro de mi absoluta ignorancia, el primer motivo de rechazo fue pensar que era una celebración más, inventada por los Centros Comerciales para cubrir las ventas de un mes poco propicio como es Febrero, pero es que no hace mucho, me he enterado de que esto viene de largo…

Parece ser, según dicen historiadores, entendidos y otros ratones de biblioteca, que la cosa viene de la antigua Roma…

Hay diferentes versiones y conjeturas al respecto, como suele ser habitual cuando mentes pensantes intentan imponer sus criterios por encima de los criterios del de al lado, pero en rasgos generales, la cosa andaba en una especie de celebraciones de iniciación de los jóvenes al sexo…

Sí, sí… al sexo. Nada de amor, que eso vino después…

Y agarraos, que ahora viene curva cerrada: Según cuentan (yo no estaba), básicamente los chicos tenían permitido escoger a la chica que les apeteciera en ese día, para introducirse en el apasionante (nunca mejor dicho), mundo de la fornicación.

Como era de esperar, ellas ni mú, ni voz ni voto tenían en esta historia.

No me voy a rasgar las vestiduras por esto, porque es Historia al fin y al cabo, y porque de eso no va hoy la vaina. Y sólo diré que aunque me subleve bastante el tema, me consolaré en este caso con pensar que hoy en día, y desde hace tiempo, esa tortilla está de la otra cara, y somos nosotras las que decidimos cómo, cuándo y con quién fornicar.

Pasemos entonces al siguiente capítulo… la Iglesia. 

Y es que, la celebración se mantiene, porque decidieron unirse a ellos al no poder vencerlos. Y como ha pasado con otras fiestas paganas, como el Carnaval, tuvieron que mantenerla, haciendo algunos retoques…

Le pusieron alitas y un arco con corazones al niño ese con pañales, y del día internacional de “fornica sin mirar con quién“, pasó a ser el día de los enamorados.

Otras teorías hablan de un tal Valentino, al que acabaron decapitando, y luego canonizando (como a todos a los que murieron en intrigantes circunstancias por esa época, pero esa ya es otra historia).

No sé cual de las dos versiones es peor, la verdad. A mí ambas me ponen los pelos de punta. Prefiero no elegir.

En fin… que si antes me caía gordo el angelito… imaginaos ahora.

Lo dicho, y le pese a quien le pese:

Me cago en San Valentín.

 

NOTA para Mr. Mi Chico: Cariño, acepto todo tipo de regalos los otros 364 días del año. ¡Tú no te cortes!

3 opiniones en “Me cago en San Valentín”

  1. Ahora sí, leída entera. Me encanta como escribes! No sólo tienes gancho sino que además sabes de lo que hablas, tus argumentos tienen fundamento. No se me ocurre mejor manera de empezar el día que leyendo tus posts y ríendome un rato! Un beso!

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