Reivindicando la menstruación

El otro día, en una pequeña pincelada de uno de mis post, dejé entrever que no me importa reconocer abiertamente, el día que me he levantado con un humor de perros provocado por mis inquietas hormonas.

Y es que a veces parece, que en nuestra carrera contrarreloj hacia la igualdad entre sexos, hemos optado en ocasiones, (como la que hoy nos ocupa, por ejemplo), en negar cosas que nos diferencian de los hombres, por muy evidentes que sean.

Y yo sinceramente, creo que nos equivocamos.

Nos hemos acostumbrado a repetir por activa y por pasiva que la regla no nos afecta, (aunque todas sabemos que eso no es cierto) e intentamos a toda costa que nadie se acuerde de que está ahí, aunque lo saben.

Esto es como cagar chicas, nadie quiere imaginarse a su padre o a su jefe en el trono, aunque no podemos negar que lo hacen.

¿Que la regla es un coñazo? No voy a negarlo.

Pero como la que más la que menos habrá experimentado alguna vez… nos asusta más que no llegue, a lo que nos fastidia que llegue sin avisar… ¿o no?

Eso es una cosa, y otra muy diferente que tenga que avergonzarnos, hacernos sentir en inferioridad de condiciones, o gilipolleces por el estilo.

Tener la regla, es consecuencia indiscutible de tres circunstancias:

  • Eres una mujer.
  • Estás sana.
  • Estás en edad fértil.

Y ninguna de las tres es motivo de vergüenza, al contrario.

Nos han bombardeado con ideas peregrinas de lo desagradable que resulta una mujer con la menstruación, que si no puedes hacer mayonesa porque se te va a cortar, que si no te puedes bañar durante los días de sangrado, y demás afirmaciones aberrantes, que al final,  aunque a estas alturas sabemos que son gilipolleces, algo han calado en nuestro subconsciente.

Y en mi opinión, pues YA ESTÁ BIEN.

Porque sí, señores… Tenemos la regla. Y les recuerdo que gracias a ella somos aptas para tener a sus hijos… ¡Es más! Estoy segura de que su madre también la tenía.

Asique, lo que realmente deberíamos hacer es todo lo contrario: Reivindicar la menstruación como parte de nosotras (que lo es), y no como algo de lo que avergonzarnos sin motivo.

Ya está bien de arrugarnos y replegar velas porque nos recuerdan que hoy estamos especialmente irascibles… que son dos días al mes ¡leche!. Que los otros 28 nos los pasamos haciendo la vida más agradable a todos ellos….

Tengo la regla, Sí… ¿Y?

No te voy a permitir que intentes ridiculizarme, o incluso manipularme de alguna manera que desvíe mi comportamiento en lo más mínimo por este motivo.

Con esto, no os digo que lleguéis a límites como el mío, y cuando vuestro jefe os insinúe que el mal humor que tenéis hoy sospecha de dónde viene, le digáis que efectivamente, hoy te ha venido la regla, te duelen los ovarios y además estás de un humor de perros por ello, asique no tienes el chichi para romerías, como hice yo en una ocasión.

Confieso que no lo he repetido, pero por piedad más que nada, y porque por supuesto, no se ha vuelto a atrever a mencionar el tema…

La cara que me puso fue graciosa, con sus ojos casi fuera de las órbitas y su cara cada vez más roja… pero tampoco es cuestión de provocarle un infarto al hombre, ¡que hasta tuve que recordarle que volviera a respirar!

Pero aunque a lo mejor lo mío ya es pasarse, tampoco tenéis por qué ir por la vida negando en redondo que el chute hormonal que sufrimos cada mes os afecta…

Me enorgullezco de ser mujer, con todo el paquete (el de la compresa de noche también, ¡oiga!). No tengo que parecerme a un hombre para ser tanto como él. Puedo serlo siendo mujer.

Vale que tampoco es cuestión de entrar gritando (en la oficina, o en la cocina de casa donde te esperan tus hijos para desayunar, o en una reunión con amigas, o al llegar a una cita con tu chico):

          “¡Me ha venido la regla!, ¡Todos a cubierto!”

Pero hay formas sutiles, o no tanto, de avisar.

En mi caso, he optado por comprarme una carcasa para mi móvil, que utilizo en los días R…

Lo bueno, es que puedo usarla en otras ocasiones, cogiendo el móvil disimuladamente y colocándole de manera sutil en el campo de visión de mi interlocutor, como cuando la pelma de mi vecina me para en mitad de la escalera, Mr. Mi Chico está en plan graciosillo y yo muy ocupada, o alguien me dice una tontería de esas que no merecen ni respuesta.

Asique, Mis Chicas, os propongo empezar, entre todas a reivindicar nuestra menstruación…

¿Cómo? Pues se me ocurren un par de tácticas diferentes, en respuesta a los comentarios, a veces molestos, a veces graciosos, de más o menos gusto, pero siempre toca-narices (sobre todo cuando aciertan, y andas con el cuerno un poco revirao):

 

Para la GUERRERA: Si hoy estás especialmente cabreada (sea o no porque tienes la regla), quien te dirige el comentario no te acaba de caer bien y/o no tienes miedo a las consecuencias de tus palabras, o simplemente eres (como yo), una inconsciente… y dependiendo del nivel de tocamiento nasal del comentario de tu interlocutor:

  • Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que tu mamá también la tenía. Y en su caso, tu hija también la tendrá.
  • Lo sé, y por eso precisamente deberías tener más cuidado con tus comentarios… traigo la escopeta cargada y lista para usarse.
  • Puedes hacerle ver que, le agradecerás que soporte tu mal humor durante esos días, si él promete agradecerte a tí que soportes el suyo el día después de un gatillazo, que por cierto, se le nota hasta en la cara.

Para la CONCILIADORA: Si no te sale ser tan tajante, te gustaría meter en el anterior grupo a quien acaba de hacerte el comentario, pero no puedes, o el comentario tampoco ha sido para entrar a matar directamente…

  • Sé de qué humor estoy hoy, y sé perfectamente la razón, gracias.
  • Reconozco que en estos días me pongo un poco difícil… pero algún defecto tenía que tener, ya sé que por lo demás, soy perfecta.
  • También puedes recordarle que la menstruación es un mal necesario para que, entre otras cosas, él pueda tener hijos.
  • Mis Chicas, podéis insertar aquí lo que se os ocurra… hoy (y desde que nací, salvo raras excepciones), no estoy yo especialmente conciliadora. 

Para la NEGOCIADORA: Cuando vas a tener que ver la cara al tonto que te acaba de recordar que te duelen los ovarios y no te apetece precisamente que te los toquen, pero quieres zanjar el tema de un plumazo, puedes ofrecerle el siguiente trato:

  • Prometo controlarme si tú no vuelves a dejar tus canzoncillos sucios por las mañanas en el suelo del baño, cariño.
  • No voy a decir ni pío… pero cuidado con abrir la boca el día que tu equipo pierda un partido.

Y mi preferido:

  • Oye Chato, que por mí perfecto: A partir de ahora yo te aguanto que estés un poco irascible un par de días al mes, y ya tú te hinchas como un globo, te retuerces de dolor de barriga, te comes en un sandwich de lechuga tu ansión de chocolate, mezclado con las ganas de llorar sin saber por qué, estás pendiente de cambiarte la compresa o el tampón (en eso hasta te doy a elegir) cada dos o tres horas, te metes en la ducha dos veces al día sin que se te pase aún así la sensación de suciedad, y de paso vas por la vida teniendo que aguantar comentarios gilipollas como el que me acabas de hacer… ¿Hecho?

Y sí… sé que todas estas opciones son, como poco, algo bruscas… pero es que tengo la regla.

¿Qué me decís? ¿Lo intentamos?

¡Esas frases! ¡Dadme ideas!

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