Ser bueno en tu trabajo: La Cara B

Que este hermoso país en el que vivimos es un auténtico desastre a nivel laboral (entre otros), no es una novedad para nadie a estas alturas.


No entraré (hoy), en las interminables colas del paro, ni en la, llamada ya por muchos, generación perdida ,y demás aberraciones de las que estamos rodeados en este ámbito, sino en el mundo laboral puro y duro, para los que tenemos la suerte de formar parte de él a estas alturas.

El trabajo en este país, a grandes rasgos, es una auténtica…

… y sin lacito.

Pero lo que ya sí que remata la faena es cuando un trabajador (por amor propio o incluso a su trabajo, miedo al despido porque la cosa no está para jotas, talento innato para hacer lo que hace, hijos con costumbre de comer y vestirse, y a los que además hay que comprar zapatos, hipoteca que llegará a treinteañera (en el mejor de los casos) con más hambre aún que sus hijos, o cualquiera de las muchas razones que cada ser individual pueda tener), intenta cada día hacer bien su trabajo, y con su esfuerzo y tesón lo logra, para darse cuenta a lo largo de su vida laboral, que ha metido la pata hasta la mismísima ingle, eso cuando la mierda no llega al sobaco, que suele ser lo habitual.

 

Y como muestra, un par de botones o tres…
Una mujer de cuarenta, cabra de dos patas para más señas, que a día de hoy gana unos setecientos euros menos al mes que hace cinco años (que no es moco de pavo, ¡oiga!) y además del trabajo para el que fue contratada (y ante el despido de muchos de sus compañeros a causa, o con la excusa, de la crisis), ha tenido que ir asumiendo más y más tareas cada vez.

La cosa ha llegado a tal punto, que se ha visto obligada a hacer malabarismos para sacar a flote el trabajo de 3 de los 5 departamentos de la empresa en la que trabaja, y ha tenido que comprarse uno de esos mordedores ortopédicos para dormir, o acabará destrozando su mandíbula por el estrés.

Y si eso quedara ahí… ni tan mal.

Pero es que se reafirma cada día en su gilipollez suprema, cuando piensa que en el despacho de al lado, una mala trabajadora, a la que parece que no pueden despedir por el pastizal que suponen tantos años, se la toca a dos manos, sonriéndose cuando se cruzan en el pasillo, porque el sueldo de ambas es el mismo… Y todo porque nuestra cabrita, es una buena trabajadora.

O un hombre con un don innato para su trabajo (no nombraré el sector, aunque seguro que entenderíais mucho mejor toda la situación), y usuario asiduo también del mordedor ortopédico del que os hablaba antes,  que siempre cumple los casi imposibles objetivos que su usurera empresa le fija, incluso los supera.

Sus compañeros con más años, que ya son perro viejo, le advierten una y otra vez que se equivoca, y le aconsejan que de vez en cuando es mejor no cumplir …¡chúpate esa!).

Y por si esto fuera poco, a pesar de ser un gran trabajador, tiene que oír afirmaciones dulcificadas con veneno en su interior, de unos superiores que le empujan a un puesto de mayor responsabilidad, en el que trabajará el doble por una miseria más, que no le daría ni para invitar a su mujer a un buen restaurante…

Y para encima le hacen saber que no se puede negar, o amenazan con despido inminente… Todo esto por ser bueno en su trabajo, ¿Están de coña?

O una funcionaria del ilustrísimo Ministerio de Educación de este, nuestro país, que debe ser la única, o una de la media docena, que se toma su trabajo como lo que es, un trabajo, y no como el ratillo que echas leyendo el periódico en el ordenador, antes de las dos horas obligadas de café, y a la vuelta ya queda menos para irse a casa, asique vamos a ver si con unos sudokus esto pasa rápido… como la mayoría de sus compañeros de funcionariado.

Una persona entregada a su trabajo, concienciada con su labor y que día tras día se tiene que topar con el (jodido) alto muro de la burocracia, que le impide hacer las cosas todo lo bien que podría, si la dejasen.

En el mamoneo que se han traído, se traen y se traerán (seguramente), con la Ley de Educación, ya entraremos otro rato, que tiene mucho que decir…

Vamos, que resumiendo: En este país:

  • Si eres buen@ en tu trabajo, posiblemente acabes haciendo el de todos los demás, por el mismo precio. La otra opción es meterte el dedo en la nariz (a ser posible el índice) mientras aseguras que eres tontit@, y pasarlo en grande en la oficina mientras el listillo de turno es el que curra. Porque, señoras, sí: los empresarios serán muy hijos de p… en su mayoría, pero que la Ley Laboral protege más a los malos que a los buenos trabajadores, eso también.

 

  • Si sobresales en tu tarea por X motivos, posiblemente te ofrezcan un puesto mejor, decorado con un lazo enorme de estatus y clase social (que a ver qué compras con eso, porque pan no), en el que si eres un poco espabilado, ya te habrás dado cuenta observando, que vas a currar como un negro por cuatro perras más, y tendrás que dar las gracias mientras te dan por el culo, sabiendo positivamente que de ahí ya no vas a pasar, y cagándote en el día que decidiste dar el sí, quiero.

  • La Ley de Funcionarios Públicos tiene una moraleja clara: Sácate la plaza, y échate a dormir. Y si no te has dado por aludido, soporta estoicamente ver como tus compañeros y demás fauna funcionarial te miran ojipláticos, no sabiendo si abrir la boca para hacerte entrar en razón, o directamente reírse de tí en tu cara. Eso por no hablar de que, como entre todos han conseguido que el resto de la población no tenga la más mínima fe en sus habilidades y conocimientos, y mucho menos en sus ganas, tendrás que enfrentarte a interlocutores reticentes, desconfiados y desencantados con los métodos de la Administración, cuando menos.

Y rematando la faena… Las putas  comparaciones, tipo…  Mira en Europa, lo eficaz que es la gente, las enormes productividades, que sólo les hacen falta a los suecos seis horitas, y todo en orden hasta el día siguiente…

Pero ¡vamos a ver!, con este percal…

¿Cómo no va la gente a recular?

¿Que los españoles son una caca en el trabajo?

¿Que en Europa la gente es mucho más productiva y eficaz?

Empiecen ustedes, señores, tratándonos como les tratan a ellos, y ya nosotros nos encargamos de seguir toda la vida con las mismas ganas y entusiasmo que el primer día, no se apuren.

Una respuesta a “Ser bueno en tu trabajo: La Cara B”

  1. Olé, olé y olé!!!
    Muchísimas gracias, wapa!!!
    Un gran gran artículo.
    Habrá q buscarse un jefe sueco, a ver si así…Jjjj
    De momento toca seguir con el mordedor o mordiéndose la lengua…ufffff

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