Y llegó la primavera… Pero ¡no estresarse!

En Invernalia llevamos ya tres días seguidos de sol, y a mediodía hay que quitarse la chaqueta y colgársela del brazo (porque llevarla, la llevamos, que esto es Invernalia, no lo olvides).

Asique puedo decir, que por fin la primavera ha decidido dejarse ver por aquí…

Y ¡hay que ver!, lo mío no hay quien lo entienda: Todo el invierno suspirando porque llegue el buen tiempo, y cuando lo hace, empiezo a estresarme por las mismas cosas idiotas de siempre.

Todos los años, mi radar interno me avisa de la llegada de la primavera de la misma forma… me estoy comiendo las chuches que he traído para hacer la tarde más amena en la oficina, y ¡zás!

El remordimiento de conciencia hace su aparición en forma de reproche hacia mí misma, porque el michelín que me va a provocar lo que ahora me hace gozar dentro de mi boca, no podré disimularlo con mis enormes jerseys de lana.

A lo mejor a ti te pasa… Me refiero a ese cambio de chip que te hace preocuparte por lo que te metes entre pecho y espalda y que, en enero, repantigada en tu sofá, con un bol de palomitas del tamaño de tu culo en el regazo, y una bolsa de kilo y medio de gominolas y chocolatinas varias esperando pacientemente tu ataque… te la trae al pairo.

Eso por no hablar del día que, emocionada por el buen tiempo que hizo ayer, rebuscas y sacas de tu armario ese vestidito primaveral que, según recuerdas, tan bien te quedaba… Y no es que te siente mal, es que con ese blanco nuclear que cubre tu cuerpo a modo de pátina harinera, mejor optas por el cuello vuelto, aunque tengas que sudar la gota gorda, y así ya de paso, no te tienes que preocupar de depilarte las piernas, que ya se ve algún pelillo…

A partir de ahí, la cosa va creciendo en modo bola de nieve, sin que la puedas parar:

Que si no recordaba yo que esta base de maquillaje me sacara tantos brillos, ni que esta máscara de pestañas se derritiera tanto con el calor, que la tengo toda en la ojera y son sólo las doce de la mañana, que si con esta camisa se me transparenta demasiado el sujetador, y con este escote se me ve directamente, que si tengo más venillas en las piernas que el año pasado o es que las disimulaba algo el moreno, pero con estos pantalones cortos no me veo, que si los bollitos de celulitis por culpa de otros bollitos (estos de chocolate) de momento están bajo control dentro de las medias… pero veremos a ver para Julio…

Supongo que para esas fechas, ya me habrá dado tiempo a despejar mi cabeza de tanta idea absurda, porque a parecer una top model va a ser que no…

Y bueno… así es como una servidora se agobia a veces a lo tonto y sin necesidad… Hasta que se me pasa la tontería, me pongo lo que me sale del moño (cambie ahora la m- por la c-, para darle más énfasis), y si quieren decir… ¡que dizan!

En cuanto a mí conmigo misma… me temo que con un juez demasiado estricto hemos topado, aunque he de reconocer que intento no hacerme mucho caso.

De todas maneras, siendo totalmente sincera, tampoco es que me importen demasiado estas pequeñas cosas (salvo en momentos de enajenación mental, claro), y no pierdo de vista (casi nunca), que me quiero tal y como soy. ¿Y sabes por qué?

 

 

 

¡Atención! ¡Atención!

Perla de sabiduría madura en 3,2,1…

 

Pues porque como la vida suele ser tan puta, o a lo mejor tan justa, supongo que para tener ciertas cosas de esas que hecho de menos cuando me pongo tonta, debería de renunciar a alguna de esas otras ciertas que tanto me gustan porque me hacen ser como soy… y no creo que me compense el cambio. Me he cogido cariño.

Asique casi mejor, disfruto del buen tiempo y me dejo de gilipolleces varias que, ni me van a servir para nada, ni me van a dejar disfrutar.

Lo dicho: llegó la primavera Mis Chicas… pero ¡no estresarse!

 

 

 

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